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Beato Augusto Czartoryski

“La alegría Cristiana está acompañada del sentido del humor. El mal humor no es signo de Santidad”. G.E 126

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Beato Augusto Czartoryski

2 agosto

Príncipe polaco del siglo XIX, presbítero y religioso de la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco (fecha de beatificación: 25 de abril de 2004).

Nació en París el 2 de agosto de 1858, en el exilio. Desde hacía unos treinta años su noble estirpe, vinculada a la historia y los intereses dinásticos de Polonia, había emigrado a Francia. El príncipe Adán Czartoryski había cedido la sucesión de la estirpe, así como de la actividad patriótica, al príncipe Ladislao, unido en matrimonio con la princesa María Amparo (hija de la reina de España María Cristina y del duque Rianzárez). Son estos los padres de Augusto, primogénito de la familia.

Cuando tenía seis años murió su madre, enferma de tuberculosis, que transmitirá a su hijo. Cuando el mal manifestó en él sus primeros síntomas, comenzó para Augusto una larga peregrinación en busca de la salud, que nunca recuperaría: Italia, Suiza, Egipto, España… Pero no era la salud el principal objetivo de su búsqueda: coexistía en su alma juvenil otra búsqueda mucho más preciosa, la de su vocación.

Era consciente de que no estaba hecho para la vida de la corte. A los veinte años, en una carta a su padre le decía, entre otras cosas, aludiendo a las fiestas mundanas, en las que se veía obligado a participar: «Le confieso que estoy cansado de todo esto. Son diversiones inútiles, que me angustian».

San José Kalinowski —canonizado por Juan Pablo II en 1991—, que había sufrido diez años de trabajos forzados en Siberia, y después se hizo carmelita, fue preceptor de Augusto sólo durante tres años (1874-1877), pero dejó en él una profunda huella. Por él sabemos que quienes orientaron al príncipe en su búsqueda vocacional fueron sobre todo las figuras de san Luis Gonzaga y de san Estanislao de Kostka. Le entusiasmaba el lema de este último: «Ad maiora natus sum». «La vida de san Luis, del padre Cepari, que me mandaron de Italia —escribe Kalinowski— influyó mucho en el progreso espiritual de Augusto y le abrió el camino a una unión más fácil con Dios».

Pero el acontecimiento decisivo de su vida fue el encuentro con don Bosco. Augusto tenía 25 años. Sucedió en París, precisamente en el palacio Lambert, donde el fundador de los salesianos celebró la misa en el oratorio de la familia. Los acólitos fueron el príncipe Ladislao y Augusto. Desde aquel día Augusto vio en el santo educador al padre de su alma y al árbitro de su porvenir.

En el joven la vocación a la vida religiosa se había ido afirmando cada vez más. A pesar de ser el primer heredero, no sentía inclinación a formar una familia. Después del encuentro con don Bosco, Augusto no sólo sintió que se reforzaba su vocación al estado religioso, sino que tuvo la clara convicción de que estaba llamado a ser salesiano. Desde entonces, en cuanto su padre se lo permitía, iba a Turín para encontrarse con don Bosco y recibir sus consejos. Hizo también varias veces ejercicios espirituales bajo la dirección del santo.

Don Bosco tuvo siempre una actitud de gran cautela sobre la aceptación del príncipe en su congregación. Fue el Papa León XIII, en persona, quien disipó toda duda. Reconociendo la voluntad de Augusto, el Papa concluyó: «Decid a don Bosco que es voluntad del Papa que os reciba entre los salesianos». «Muy bien, amigo mío», respondió inmediatamente don Bosco, «yo lo acepto. Desde este instante, usted forma parte de nuestra Sociedad y deseo que pertenezca a ella hasta la muerte».

A finales de junio de 1887, tras renunciar a todos sus derechos en favor de sus hermanos, fue enviado a San Benigno Canavese para un breve aspirantado, antes del noviciado, que comenzó en ese mismo año. Tuvo que luchar contra los intentos de su familia, que no se resignaba a esa elección. Su padre iba a visitarlo y trataba de disuadirlo. Emitió los votos el 24 de noviembre de 1887 en la basílica de María Auxiliadora ante don Bosco. «Ánimo, mi príncipe —le susurró el santo—. Hoy hemos alcanzado una magnífica victoria. Pero puedo también decirle, con gran alegría, que llegará un día en el que usted será sacerdote y por voluntad de Dios hará mucho bien a su patria». Don Bosco murió dos meses después.

A causa de su enfermedad lo enviaron a estudiar la teología a la costa de Liguria. El decurso de su enfermedad hizo que su familia renovara con mayor insistencia sus intentos de alejarlo de la vocación. Al cardenal Parocchi, a quien pidieron que influyera para apartarlo de la vida salesiana, él le escribe: «En plena libertad he querido emitir los votos, y lo hice con gran alegría de mi corazón. Desde aquel día, viviendo en la Congregación, disfruto de una gran paz de espíritu, y doy gracias al Señor que me ha permitido conocer la Sociedad Salesiana y me ha llamado a vivir en ella».

Fue ordenado sacerdote el 2 de abril de 1892 en San Remo por mons. Tommaso Reggio, obispo de Ventimiglia. Su padre, el príncipe Ladislao, y su tía Isa no asistieron a la ordenación, aunque poco después toda la familia aceptó plenamente su vocación.

La vida sacerdotal de don Augusto duró sólo un año, que pasó en Alassio, en una habitación que daba al patio de los muchachos. El cardenal Cagliero resume así este último período de su vida: «Ya no era de este mundo. Su unión con Dios, la conformidad perfecta con la divina voluntad en la enfermedad agravada, el deseo de configurarse con Jesucristo en los sufrimientos y en las aflicciones lo hacían heroico en la paciencia, sereno en el espíritu, e invencible, más que en el dolor, en el amor de Dios».

Murió en Alassio la tarde del sábado 8 de abril de 1893, en la octava de Pascua, sentado en el sillón que había usado don Bosco. «¡Qué hermosa Pascua!», había dicho el lunes al hermano que lo asistía, sin imaginar que el último día de la octava lo habría celebrado en el paraíso.

Tenía treinta y cinco años de edad y cinco de vida salesiana. En su recordatorio de primera misa había escrito: «Para mí un día en tus atrios vale más que mil fuera. Bienaventurado quien vive en tu casa: siempre canta tus alabanzas» (Salmo 83).
Sus restos fueron trasladados a Polonia y sepultados en la cripta parroquial de Sieniawa, junto a la tumba de familia. Sucesivamente fueron trasladados a la iglesia salesiana de Przemysl.

Detalles

Fecha:
2 agosto

Todas esas charlas acompañadas de oración constante, misas, dinámicas participación activa del grupo y recreación, hicieron del encuentro un trabajo de grupo y recreación, hicieron del encuentro un trabajo de grupo fructífero que nos enseñó a los padres de familia, que debemos aceptar que el mundo digital y el internet, son una realidad que viven nuestros hijos e hijas y que debemos prepararnos para acompañarlos en este mundo global y desafiante buscando encaminarlos en el uso positivo, para evitar caer en situaciones peligrosas y complicadas que nos creen circunstancias difíciles.

Nos sentimos satisfechos con todo lo aprendido y quedamos con tareas que cumplir ante la comunidad adeucaiva y ante nuestra familias que sin dudan serán la mas beneficiadas con lo aprendido.

Nuevamente, expresamos nuestra, gratitud con la invitación, nos sentimos enormemente premiados, y extendemos ese sentimiento muy especialmente a las hermanas de la comunidad María Auxiliadora de Cúcuta, I. E San Juan Bosco, Casa Provincial María Auxiliadora y casa de retiros la Montañita, muy especialmente a las Hermanas Lucrecia, Raquel, Martha Nelly, Clara, Olga, Rita y Laura y todas las que nos recibieron con esa atención tan amable y cordial, que nos hicieron sentir en familia.

Gracias y Dios bendiga siempre su alegría salesiana y el ambiente de familia con que día a día cuidan a nuestras hijas.

San Juan Bosco nació en I Becchi (Italia) el 16 de agosto de 1815. Su madre, Margarita, estaba casada con Francisco, que se había quedado viudo y tenía un hijo llamado Antonio. Cuando Juan tenía tan solo 2 años murió su padre y la familia comenzó a vivir serias dificultades económicas.

A la edad de 9 años Juan tuvo un sueño profético que marcó toda su vida: él sería pastor y guía de los niños y jóvenes más necesitados. Intuyó que debía estudiar y prepararse bien para realizar la misión que el sueño le mostraba.  

Cuando conoce al Padre Calosso, párroco de su pueblo Murialdo, empieza con él clases de latín y un acompañamiento espiritual que orientó su vida al sacerdocio. A pesar de la muerte repentina del Padre Calosso persiste su fuerte inquietud vocacional y la lleva a cabo en el seminario de Chieri. Se ordena sacerdote en 1841.

¡Su sueño se va haciendo realidad! ¡Ahora puede dedicarse de lleno a los jóvenes más necesitados!

Inicia la Congregación Salesiana en el año 1854, para asegurar en un futuro la estabilidad de sus obras y de su carisma educativo.

Cuando D. Bosco va de paseo con los jóvenes a Mornés, en 1864, descubre que María Mazzarello, está desarrollando con las niñas y jóvenes la misma misión que él realiza en Turín.

Desde entonces, se establece una relación entre los dos santos y ya en 1872, nace formalmente el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora; sus fundadores son San Juan Bosco y Santa María Mazzarello.

San Juan Bosco Padre de la gran Familia Salesiana, aún antes de morir en 1888, ve con agradecimiento al Señor y a la Madre Auxiliadora la expansión de su carisma educativo por todo el mundo.

Santa María Dominga Mazzarello, nació el 9 de mayo de 1837 en un pueblecito de Italia llamado Mornés, y desde muy pequeña demostró ser una persona que amó la vida hasta el fondo. Se sintió amada por Dios y quiso proclamarlo a todo el pueblo. Era alegre, sencilla, amable y fuerte a la vez, entusiasta y muy trabajadora. Además de ayudar a su madre en las tareas de casa y en el cuidado de sus hermanos, trabajó desde muy pequeña con su padre en la viña. Era catequista por naturaleza, organizaba grupos festivos con las niñas y chicas de su pueblo. ¿Cuál era el secreto de su alegría, de su generosidad...?. La razón era la amistad con Jesús, que ella cuidaba con tanto cariño a lo largo del día y en las tareas cotidianas. Madrugaba, dejaba preparado en casa todo lo que se necesitaba para el trabajo del día, y se dirigía a la Iglesia del pueblo para celebrar la Eucaristía. Cuando regresaba, emprendía su trabajo en los viñedos en las tareas agotadoras de la jornada campesina. Tanto desde la ventana de su casa (desde donde podía ver la torre de la iglesia), como desde el campo ella procuraba estar unida a Jesús y dialogar con Él. Con apenas 15 años se consagra a Dios… La entrega de María Mazzarello y de sus amigas es reconocida con gran admiración por el párroco de su pueblo, don Pestarino, quien muy pronto descubre la acción de Dios en cada una de estas jóvenes. Por ello las reúne fundando una asociación juvenil “el grupo de la Inmaculada”. María aprendió allí a conocer y a amar más a la Virgen, y se convirtió para ella en un modelo a imitar. Cuando tenía 23 años, hubo una grave epidemia de tifus en su pueblo y ella, después de haber ayudado intensamente a sus familiares enfermos, contrajo la enfermedad, menguando significativamente sus fuerzas físicas. No logró ser la misma joven laboriosa en el campo como antes. A partir de su enfermedad María vivió una real noche del espíritu, en la que descubre su vocación. Caminando por la calle de Borgoalto, María tiene una visión reveladora: Un grupo de niñas y jóvenes le gritan pidiendo ayuda… y en ese instante escucha a la Virgen María quien le dice: “A ti te las confío”. Ella se pregunta: Pero, ¿cómo hacerlo si ya no tengo fuerzas? Decide reunir a sus compañeras de grupo y a las niñas en un taller de costura; les enseñarán que: “cada puntada será un acto de amor a Dios”, igualmente cada gesto, cada palabra... El párroco de Mornés, comunica a Don Bosco la existencia de este grupo, y le cuenta lo que lo hacen con las niñas y jóvenes del pueblo de Mornés; es lo mismo que Don Bosco realiza con los niños y jóvenes en Turín. Don Bosco y María Mazzarello no se conocían personalmente. No obstante Dios ya estaba preparando el terreno para la fundación del Instituto de Hijas de María Auxiliadora, el cual nace el 5 de agosto de 1872, en el pueblo de Mornés. Dicho acontecimiento se da cuando María Mazzarello y otras diez jóvenes hacen su profesión religiosa en la cual reafirman su entrega total a la educación de las niñas y jóvenes más pobres. Después de nueve años de entrega como superiora en el nuevo Instituto, María Mazzarello muere en Nizza (Monferrato) el 14 de mayo de 1881 dejando 26 casa y 40 Hermanas. Es canonizada por Pio XII el 24 de junio de 1951.